Discurso Carlos Ominami (5 de mayo 2011)

Agradecimiento Condecoración Legión de Honor

Mme. Maryse Bossieère, ambassadrice de France
Pedro Vaz, Embajador de la República Oriental del Uruguay
María Urbaneja, Embajadora de la República Bolivariana de Venezuela.
Frederico de Araujo, Embajador de Brasil
Abdelkader Chaui, Embajador del Reino de Marruecos
Walker San Miguel, Cónsul General de Bolivia
Diputados
Ex Ministros
Familia: Manuela, madre, hermana, nuera, sobrino, nieta.
Personal de la embajada de Francia que ha puesto sus mejores esfuerzos para sacar adelante esta ceremonia.
Colaboradores míos que han estado atentos para que no se nos escape ningún detalle.
Amigos y amigas

Je tiens, en tout premier lieu à exprimer mes remerciements à Maryse, ambassadrice de France et au Président de la République Française, Nicolas Sarkozy pour cette distinction.

J` en suis très honoré. Et ce n`est pas une phrase de courtoisie. C`est un sentiment profonde. Et je doit avouer que je suis très ému.

La historia de la Legión de Honor es bonita y hunde sus raíces en las profundidades de la historia de Francia. La instituyó Napoleón I en 1802 en reemplazo de las condecoraciones del antiguo régimen, abolidas por la Gran Revolución de 1789, que como todos sabemos hizo algo más que abolir viejas condecoraciones, toda vez que abrió una nueva fase en la historia de la humanidad.

Ocupa un lugar relevante en la historia de Francia la primera ceremonia de entrega de la Legión de Honor el 15 de julio de 1804 en el Hotel des Invalides a mariscales, soldados, inválidos de guerra, pero también a científicos, artistas y escritores con méritos sobresalientes.

Yo no estoy diciendo, ni si siquiera sugiriendo con esto, que mis méritos sean sobresalientes, pero debo decirles que me siento muy orgulloso de incorporarme a este cuerpo de legionarios, franceses y extranjeros, militares y civiles, y claramente multirracial.

Para los interesados en la historia, recordemos que el establecimiento de la Legión de Honor estuvo precedido de una intensa discusión. Napoleón impuso su punto de vista, no sin dificultades y venciendo la resistencia de muchos, insistiendo en que ésta no podía ser reservada sólo para los militares con exclusión de los civiles. Porque como lo afirmó con fuerza el propio Napoleón, hay una sola nación, y en consecuencia, no deben haber dos órdenes tan diferenciadas.
Y consignemos que, más allá de los avatares de la historia de Francia y del propio Napoleón, la Legión de Honor subsistió a los ataques restauracionistas posteriores a 1815. Estos sólo cosecharon un triunfo efímero porque, definitivamente, en 1830 con la llegada al trono de Luis Felipe se restableció la primacía de la Legión de Honor, la cual se mantiene hasta nuestros días.

Esta distinción se entregaba por merito y se acompañaba de una pensión. Afortunadamente el concepto del mérito ha podido mantenerse a lo largo de la historia. En algún momento, han debido también incorporarse las razones protocolares, la diplomacia obliga. Pero, desgraciadamente..… ya no hay pensión.
Sean cuales sean las razones por las cuales se me otorgó esta distinción, lo que es claro y no admite dudas es el gran afecto que le tengo a Francia.

Quiero a Francia porque:

1. Fue la patria que se me ofreció cuando la mía de nacimiento - Chile, Uff - mostró su peor cara: la del terror, el horror y la crueldad. Francia me acogió cuando no era posible seguir viviendo aquí en la tierra en que me tocó nacer.
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2. Allí conocí a Manuela hace………36 años. Y en conjunto hemos hecho muchas cosas, como formar una familia, chica pero bulliciosa.

3. Allí conocí a Marco cuando apenas caminaba e inicie la aventura, compleja y hermosa de convertirme en el padre que no tenía y que como sabemos, murió en combate un 5 de octubre de hace ya muchos años.

4. Fue también en Francia en donde se me dio la oportunidad de estudiar y trabajar en lo mío, obtener un Doctorado de Estado y ser investigador del Centre National de la Recherche Scientifique con un contrato, no a uno ni a 5 años, sino que vitalicio. De repente, se echa de menos un contrato así. Pero, esto no significa estar arrepentido. Creo ser, sin embargo, de las pocas personas que han renunciado a un puesto de ese tipo. Siempre supe que mi lucha estaba aquí, en este Chile que a veces nos duele tanto.

5. En Francia aprendí a entender algo más de las complejidades del mundo y su diversidad. Aprendí a conocer, respetar y querer a los franceses que, es cierto, a veces tienen algo de enojones, de raleurs, pero que finalmente muestran una paciencia envidiable para acoger y convivir con extranjeros, esforzándose para convivir con otras costumbres y tratar de entender un francés a menudo bastante mal hablado. Tengo mis dudas de que se pueda decir lo mismo de una buena parte de los chilenos.

6. Allí en Francia, en la cuna del socialismo en el siglo XVIII, bastante antes de Marx, se fortalecieron mis convicciones sobre el socialismo democrático y la necesidad de involucrarse a fondo en la renovación de la maltrecha izquierda chilena.

7. Allí supe de lo que son los grandes liderazgos. No lo viví directamente pero no es necesario. El General de Gaulle está y seguirá presente en el fondo del alma de los franceses. Así mismo, tuve oportunidad de estar, con Marco en mis hombros, en la Plaza de la Bastilla para celebrar un domingo de mayo de 1981 el triunfo de François Mitterrand, Presidente con el cual tuve la oportunidad de estar en varias ocasiones, algunas acompañando a Patricio Aylwin, ex Presidente de Chile. que hoy día a pesar de sus intenciones, desgraciadamente no ha podido estar con nosotros.

8. En Francia desarrollé también el respeto por la ideas, por el rigor que enseñó Descartes, por la innovación y el atrevimiento intelectual que representaron en su momento, Camus, Sartre, Focault o Barthes y representa todavía un tremendo intelectual como Edgar Morin, que a sus 90 años continúa en plena producción y que en un libro que se acaba de publicar, nos invita a algo tan fundamental como cambiar de vía.

9. Desde Francia pude volver a Chile como investigador del CNRS y la ORSTOM. Así como tengo que reconocer que fui un exiliado privilegiado que pudo inmediatamente trabajar y perfeccionarse en lo suyo, fui también un retornado privilegiado que volvió a Chile a finales de 1984, poco tiempo después que me autorizaran a volver, en pleno estado de sitio pero…..al menos con un muy buen trabajo.

Soy chileno pero tengo otras dos Patrias. Japón, la de parte de mis ancestros que me dio mi apellido, y Francia.

En todo cuanto he podido, he tratado de contribuir al estrechamente de relaciones entre Chile y Francia.

De lejos, de lo más que me enorgullezco es del esfuerzo en común con Francia cuando, en el 2003, siendo Chile miembro del Consejo de Seguridad, contra viento y marea, y Tratado de Libre Comercio con EE. UU. de por medio, le dijimos NO al Presidente Bush que se había, o lo habían involucrado, en una gigantesca manipulación para demostrar la existencia inexistente de armas de destrucción masiva como pretexto para invadir Irak. Esta maniobra fue bien anticipada por el Presidente Chirac y es uno de los grandes méritos de Chile, país pequeño, el haber podido mantener su dignidad. No fue fácil y la convergencia con Francia fue en esa ocasión decisiva.

Termino como empecé. Me siento muy honrado de haber sido distinguido con una condecoración que también obtuvieron hombres y mujeres muy grandes. No los nombro porque son muchos y sobre todo por pudor porque, jamás osaría compararme con ninguno de ellos.

Puedo si decir que me llena de orgullo compartir esta distinción con tres chilenos que la obtuvieron por sus meritos y servicios. Me refiero a Margot Duhalde, commandeur à titre militaire: aviatrice de la France Libre. A Roberto Garretón, que está hoy día fuera de Chile; gran defensor de la más noble de las causas: la de los Derechos Humanos y la defensa de los perseguidos.

Y a Servet Martinez, Premio Nacional de Matemáticas y sobre todo amigo y compañero de toda una vida.

Muchas gracias.

publie le 19/12/2011

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