Discurso de la Sra. Embajadora (Condecoración de Eduardo Carrasco)

No trataré, aún brevemente, de recordar la historia de los Quilapayún que Ud. ha creado el año 1965 con su hermano Julio y Julio Numhauser. Es una historia demasiada llena de pasión, de exaltación, de amor, de sueños de fraternidad, pero también de desilusiones, de traiciones, de desgarros, para ser resumida en unas cuantas palabras.

De esta aventura brillante y convulsiva, quisiera rescatar en el marco de esta ceremonia dos aspectos que nos importan más especialmente.

Insistiré primero en una evidencia : para millones de Chilenos y también para millones de personas en el mundo, los Quilapayún están ligados indisociablemente a una página de la reciente historia de Chile. Su música, sus textos, las decenas de grabaciones que han hecho, los millares de conciertos que han presentado por todas partes son fieles testimonios más vivos de este período cuando Chile se puso a soñar y el mundo también con él. Para mucha gente, han encarnado a Chile y seguramente muchas personas podrían suscribirse al vibrante comentario hecho en 1975 por Julio Cortazar respecto de ustedes : « Escucharlos a ustedes, es abrazar el tronco de uno de esos árboles milenarios de vuestro Chile, es escuchar la lenta, la interminable marcha de su savia. Ustedes son savia y sangre de vuestro pueblo martirizado, árboles de canciones donde los pájaros de mañana vendrán a hacer su nido de libertad y alegría.”

El segundo punto en que quisiera insistir es el lazo muy estrecho que ha unido el destino de Quilapayún - y su propio destino en particular - con nuestro país Francia. Todos se acuerdan que, en Agosto de 1973, su grupo inició una gira por Europa y que, en París, pocos días antes de un gran concierto previsto en el Teatro del Olimpia, se enteraron del golpe de estado. Es así que Francia pasó a ser por varios años la segunda patria de Quilapayún : desde París, el grupo seguirá proyectándose al mundo, como símbolo de la resistencia a la dictadura militar. En el transcurso de esos años, siguiendo aún muy implicado en la vida de Quilapayún, Ud. decide a pesar de todo volver a su verdadera e única pasión : la filosofía. Retoma entonces en La Sorbona los estudios que había emprendido antaño en la Universidad de Chile. Uniendo la teoría a la práctica, Ud. trabaja, bajo la tutela de Robert Misrahi, en torno a la interpretación fenomenológica del exilio. Por doloroso que sea, el exilio – Ud. como filósofo no me va a contradecir – es también el lugar donde uno, de manera paradojal, se reencuentra y se reconoce. Quiero creer que por esta razón Francia, tierra de exilio para Ud. – tanto a título musical que filosófico - tuvo tanta importancia en su recorrido personal.

Transcurrió el tiempo : Chile ha vivido la vuelta a la democracia, Ud. mismo ha vuelto, siguiendo ligado a este grupo musical que había creado, pero decidido a dedicarse cada vez más a la investigación y a la enseñanza de la filosofía.

Y es en su calidad de filósofo que vuelve a la aventura fuera de lo común de su grupo musical en el muy bello texto del prólogo a la reedición del libro “Quilapayún, la revolución y las estrellas” escrito en 2002. De este texto conmovedor se desprende mucho desencanto, desilusión o, si se prefiere, lucidez. Con el tiempo y la perspectiva que le da su recorrido personal, Ud. echa una mirada sin concesión a su ingenuidad de antaño, a la caducidad de las ideologías y la vanidad de los entusiasmos de su juventud. La mirada que se echa a Ud. mismo y a sus antiguas ilusiones de juventud le honra : demuestra a un hombre libre que, sin renegar de sus compromisos, sabe que ni la verdad, ni el ser humano son inmutables.

Aflora en este texto algo de sabiduría antigua : filosofía de la distancia, de la suspensión del juicio, del escepticismo profundo, pero, al final del camino, llegada a una verdadera serenidad y afirmación resuelta de una esperanza. Cito : « A duros golpes hemos ido despertando y ahora, es cierto, somos portadores de una pequeña luz que quisiéramos poner en las manos de los que vienen ».

Portador de luz, ciertamente lo fue como músico; también lo ha sido en el papel fundamental desempeñado en el proceso de creación de una institución cultural de Estado; en fin, lo es como filósofo. Por esta luz que Ud. difundió sin cesar de tantas maneras distintas, es que el gobierno francés quiso distinguirle.

Es así que por los poderes que me fueron conferidos, tengo el honor y el placer de nombrarle Caballero en la Orden de las Artes y las Letras.

publie le 04/11/2008

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