Los festivales franceses se exportan bien [fr]

A los franceses les gusta reunirse para pasar un buen rato escuchando a un grupo de música, ante un escenario o frente a monumentos alumbrados por mil luces.
Fundada en 1982 y organizada cada 21 de junio, el día del solsticio de verano, la Fiesta de la Música comenzó a seducir a otros países a partir de 1985. Hoy, más de 125 países participan en este gran acontecimiento popular y gratuito. Desde Angola a Andorra, pasando por Armenia, Barbados, Botsuana, Chipre, Guatemala, Kazajistán, Madagascar, Perú, las Seychelles y Timor, millones de personas se reúnen cada año el mismo día para escuchar música en la calle.

La Fiesta de la Música se exportó fuera de Francia en un primer momento gracias al dinamismo de la red cultural francesa, que desembocó, en un segundo tiempo, en la implicación de agentes locales, como escuelas de música, asociaciones o municipios.

Desde 1994, el Ministerio francés de Cultura encarga a la Asociación para el Desarrollo de la Creación, Estudios y Proyectos (ADCEP) la gestión de la coordinación nacional e internacional de este acontecimiento.
El cometido de esta asociación es sensibilizar al público con el evento, ofrecer consejos artísticos y técnicos y realizar los programas. La ADCEP trabaja en estrecha colaboración con los profesionales y los centros franceses en el extranjero, como embajadas, centros culturales franceses y Alianzas Francesas, entre las que están las de Argentina y Perú, que son las que más miembros tienen en el mundo.

Pero la «música francesa» no se exporta solo un día al año. Ni mucho menos. Durante los meses cálidos del año, se organizan numerosos festivales por toda Francia. La reputación de algunos de estos eventos es tal que las mayores estrellas internacionales no dudan en desplazarse para actuar en estos conciertos generalmente gratuitos.

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Desde hace algunos años, ya no son solo los cantantes y los músicos los que se desplazan al extranjero para conquistar a un público cada vez más amplio y popular, sino también los propios festivales. Así, se ha «exportado» las Noches Sonoras de Lyon a Tánger, en Marruecos. Nacidas en Toulouse en 2001, las Siestas Electrónicas han organizado, por su parte, conciertos en Montreal, Kioto y Berlín, Brazzaville, El Cairo, Saigón o Buenos Aires.

Este «festival gratuito de músicas aventureras», como se autodenomina el festival, se ha incorporado además a la red ICAS (International Cities of Advanced Sound) que reúne los eventos dedicados a la cultura digital. Pero no solo la música francesa tiene gran éxito en el extranjero.

Creada en 1999, la Fiesta de las Luces de Lyon se celebra durante cuatro días en diciembre y atrae cada año a entre 3 y 4 millones de visitantes. Su reputación le ha valido crear una filial en el Golfo Pérsico. Así, el centro de la ciudad de Dubái se iluminó durante diez días el pasado mes de marzo. Treinta y dos obras, entre las cuales se encuentran Mirage Metropolis, de Jean-Charles de Castelbajac, y Serenade, de Chantal Thomass, iluminaron el centro de la mayor ciudad de los Emiratos Árabes Unidos.

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Por último, la ciudad de Lyon organiza desde 2012 la Plataforma internacional de encuentro de festivales de luces, que ha permitido a creadores franceses presentar espectáculos luminosos en el extranjero y participar en acontecimientos como el carnaval de Roma. Los festivales franceses están en boga...

publie le 06/03/2015

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